domingo, 27 de noviembre de 2016

Y... ¿Qué pasó con este blog?




Cordial saludo a tod@s.

Sé que no soy muy popular y que no tengo un ejército de seguidores pero respeto a mis actuales 10. Un saludo a: César Caravaca Martín, Carlos Martínez, Cristina Vera, Cyessykan, Angel Beltrán, David Andrés Calderón, Carlos Enz Pondal, Historias de Jazz, Viifatu y Francis Perot.
También a Xilmara Gómez, Poesias Sensuais E Contos, Clem S. Serevino y a todos aquellos que me leen pero aún no conozco. Un abrazo enorme y muchas gracias por su apoyo. También aprovecho para disculparme con ustedes por tenerlos abandonados.

Comencé a escribir a los nueve años y lo dejé a los veinte, cuando nació mi hijo y creí lo que me decía la gente: "se le acabó la libertad". Hace tres años volví a las letras como parte de mi "terapia" contra un problema emocional. Luego de mucho pensarlo, abrí este blog y decidí compartir mi trabajo con el mundo. Ha sido muy grato ver cómo aumentan las visitas en cada entrada y pienso que no fue una mala idea. Finalmente había retomado mi camino a convertirme en escritora.

Desde el año pasado pasé de ser "quiero ser escritora" a "soy escritora" y ver a la gente reconociéndome como tal me hace sentir bien conmigo misma, después de mucho tiempo de sentirme nada.

Este año ha sido especialmente difícil para mi pues estoy a muy poco de terminar la universidad y los semestres se hacen cada vez más pesado. Mi hijo ya tiene diez años y, a pesar de ser muy inteligente, no le fue muy bien en los estudios. Mi esposo tuvo un accidente en autobús, del cual salió con una pequeña cortada en una mano pero nos recordó lo frágil que es la vida. Y, por si no lo habíamos entendido, pocos meses después tuvo que ser hospitalizado por cólico nefrítico provocado por un cálculo de menos de un centímetro. Iba y venía de mi trabajo a la clínica y casa. Fue la semana más larga de nuestras vidas. Mi esposo salió de la clínica y ha estado bien, aunque de vez en cuando siente un poco de dolor. Pero este incidente nos dejó afectados económicamente. A todo esto habría que sumarle mis frecuentes ataques de migraña.

Pero mi idea no es despertar lástima, sólo quiero compartir un poco del ser humano que está detrás de "Donde Nacen las Quimeras". Actualmente estamos muy bien, no puedo quejarme.

Por el momento no he podido volver a escribir, en parte porque no dispongo de mucho tiempo (de hecho estoy trasnochando un poco) y en parte porque estoy enfrentando el mayor enemigo del escritor: un bloqueo. Hace unos meses comencé con un nuevo libro y no pude si quiera terminar el primer capítulo a pesar de que tengo ya toda la historia en mi cabeza. Es frustrante. Una cosa es no tener una sola idea y otra es tener la idea, la escena dibujada en la mente y que, simplemente, las palabras no fluyan. Sólo puedo esperar a salir a vacaciones de la universidad para enfrentarme de nuevo a la página en blanco.

Por último, les comparto un adelanto de la nueva obra:



Les dejo, por ahora. No se preocupen, como dijo Terminator: "Volveré".

Feliz fin de semana y feliz lectura.




sábado, 10 de septiembre de 2016

LA SOMBRA DE ELISA (Parte 3, final)




Transcurrieron tres días sin que nada ocurriera y Laura debía almorzar con Elisa aun cuando ella no le hablara.

Al cuarto día, en la noche, Laura llegó a su apartamento y encontró una nota en la mesa de comedor: “Ven por Alex a esta dirección antes de que se le acabe el oxígeno.” Más abajo, una dirección al otro extremo de la ciudad. La piel se le erizó. Subió a su auto y condujo rápidamente hasta la dirección en la nota. Llegó a una enorme casa de dos pisos cuyas luces estaban apagadas. Entró. Encendió las luces que eran muy tenues y se encontró con una bellísima sala. La casa estaba organizaba y limpia. Muy lujosa. La mesa de la entrada estaba decorada con fotografías familiares donde se encontraba Elisa. Estaba en su casa pero, ¿y su familia? Revisó la sala, luego el comedor y entró a la cocina. Allí, la voz de Elisa a sus espaldas la asustó.

—Bienvenida a mi casa.

— ¿Dónde está Alex?

— ¿Así es como me saludas?

— ¿En dónde está? Por favor, Elisa, no cometas una tontería.

—Prométeme que te quedarás a vivir aquí conmigo, para siempre.

— ¡Estás loca, Elisa! ¡Estás loca!

Elisa salió de la cocina corriendo y Laura trató de alcanzarla pero todo quedó en penumbras otra vez. Había cortado la energía.

—Laura, Laura, Laura.

La voz de Elisa cantando su nombre parecía venir de todas partes. Laura estaba aterrada. Caminaba a ciegas por aquella enorme casa mientras sus ojos se acostumbraban a la oscuridad. Encontró las escaleras al segundo piso y vio la sombra de Elisa pasar frente a sus ojos. Pero no estaba allí.

Escuchó ruido de agua en una habitación, la del baño. Entró y vio a Alex atado de pies y manos, amordazad, metido en la tina la cual se iba llenando lentamente. Laura se apresuró a cerrar la llave pero no tuvo tiempo.

—Encontraste a Alex.

Laura gritó muy fuerte por el susto.

—Déjalo ir—suplicó llorando de miedo.

—Quédate conmigo.

Laura miró a Alex quien no entendía muy bien lo que sucedía.

—Está bien—dijo Laura calmándose—. Me quedaré contigo.

—Para siempre.

—Para siempre.

— ¡Mientes!

—No miento. Tienes razón en muchas cosas. Yo no necesito a nadie más. Sólo te necesito a ti.

Se acercó lentamente a Elisa para besarla y mientras ella cerraba los ojos, Laura sacó un cuchillo que tomó de la cocina y le cortó el cuello de un lado al otro.

— ¿Qué has hecho? —preguntaba Elisa mientras trataba de contener la sangre con sus manos.

—Lo siento, Elisa, pero tú estás loca.

Elisa caía lentamente, mareada por la pérdida de sangre. Laura cerró la llave del agua y liberó a Alex con ayuda del mismo cuchillo. Antes de salir, revisaron a Elisa. Estaba muerta.

— ¿Me puedes explicar qué era todo esto, Laura?

—Te lo explicaré en casa.

En el cuarto de Elisa había un altar lleno de fotos, cabellos, accesorios y otras pertenencias de Laura. También había extraños rituales espiritistas. En la cocina, en una bolsa de basura, los restos de un altar dedicado a la anterior jefa de mercadeo que no sólo dejara la empresa sino el país. Enterrados en el jardín, los restos de los padres y el hermano menor de Elisa. Debían llevar allí un año.

De todo esto se enteró Laura a través del informe de la policía. Transcurridos cuatro meses, ella trataba de continuar con su vida. Juliana llegó por el ascensor en una silla de ruedas y con su hija sentada en las piernas. La niña traía en sus manos una varita mágica y decía que usaría sus poderes para que su mamá volviera a caminar. Y no era del todo fantasía. Juliana había mostrado una milagrosa recuperación y no sólo recuperando sus habilidades cognitivas. Lo que le hizo Elisa no le dejó cicatrices emocionales. Por el contrario, la hizo una mujer muy fuerte.

En cambio Laura ya no era la misma. De noche la visitaba el fantasma de Elisa en sus sueños recriminándole por haberla matado. De día, las sombras proyectadas en su puerta la perturbaban.

Y tampoco quiso que contratasen a una nueva asistente. Eligió para el cargo a Yaneth mientras regresaba Juliana. Porque temía que Elisa regresara de entre los muertos encarnada en una nueva asistente.


FIN.


sábado, 6 de agosto de 2016

LA SOMBRA DE ELISA (Parte 2)



Todos en la oficina se sentían devastados. Juliana había quedado en coma y no tenía muchas posibilidades de volver a caminar, si despertaba.

Elisa entró en la oficina de Laura cerrando la puerta tras de sí.

— ¿Te duele lo que le pasó a Juliana? —preguntó Elisa.

— ¡Claro que sí! Es una mujer joven, inteligente y estudiosa. ¡Todavía le falta mucho por vivir!

— ¿Piensas que ella es mejor que yo?

—No estoy diciendo eso. No sé por qué lo preguntas en un momento como éste.

—No, por nada. Y si hubiera sido yo, ¿te habría dolido?

—Por supuesto, no soy una roca.

—Gracias.

Elisa se acercó a Laura y la besó en los labios dejándola en shock.

—Ahora sé que valgo mucho para ti. Valió la pena deshacerme de esa intrusa.

— ¿Qué? —preguntó Laura con voz temblorosa.

—Si no quieres que te duela como a Juliana, vas a pedir que me transfieran de nuevo a esta oficina y harás lo que yo diga.

Efectivamente, Elisa volvió a su lugar junto a Laura quien se encerró en su oficina y sólo se comunicaba con el mundo a través de su asistente. Laura podía ver la sombra de Elisa proyectaba en la puerta. Si salía al baño, ella le hacía la pregunta “¿Quieres que te acompañe?”, a lo cual debía contestar “sí”.

Aunque seguían siendo amigas, las cosas no eran como antes porque si Elisa era manipuladora ahora era quien mandaba y Laura temía por su vida. Sólo podía descansar de ella por las noches, en su solitario apartamento.

Y la soledad del apartamento se vio interrumpida inesperadamente por la presencia de Alex, su ex novio. Entró con la copia de la llave que aún conservaba e invitó a Laura a pedir comida a domicilio y a dialogar. Llegaba con aire reconciliador y ella ya había olvidado por qué se separaron. La reconciliación terminó con un mutuo “te amo”, un largo beso apasionado y un dormir juntos. Ese fin de semana se hizo oficial la reconciliación con la mudanza de Alex.

Laura optó por no contarle a Elisa porque suponía que lo de Camilo había sido más que una queja en la oficina de Recursos Humanos. No quería involucrar a Alex en todo esto. Pero no era sólo que Elisa mandara ahora en su vida y mantuviera a todos alejados sino que, además, había manifestado ya sus sentimientos hacia Laura y las expresiones de cariño no se hacían esperar.

—Debo salir de esta situación—se dijo a sí misma mientras observaba de lejos a Elisa.

—Casémonos—le dijo Laura a Alex esa misma noche.

— ¿No crees que es muy pronto?

—No. Yo creo que ya es hora.

—Pero si apenas llevamos poco tiempo de haber regresado.

—Por eso mismo. Creo que es hora de dar ese paso. No quiero que te vayas otra vez así nada más.

El plan no era muy claro. De alguna manera, Laura creía que al casarse con Alex, Elisa se alejaría. O tal vez se sentía más segura a su lado y no quería arriesgarse a perderlo de nuevo y quedarse sola.

Llegó a la oficina y llamó a su equipo de forma casual y les compartió la noticia de su muy posible matrimonio. Las palabras de aprobación venían de todos excepto Elisa. No disimulaba su disgusto. En ese instante guardó silencio y esperó su momento. Laura salió al baño y se negó a la compañía de Elisa armándose de valor. Sin embargo, ella la siguió.

—Sabes que te amo—comenzó Elisa—. ¿Por qué me haces esto?

—Yo no siento lo mismo y tú lo sabes, Elisa. Lo siento. Alex estaba antes de que tú llegaras.

— ¿Y si él no estuviera?

— ¡No le hagas nada a Alex!

—No le haré nada si tú no me obligas a hacerlo.

—Espera, Elisa, por favor…


Elisa salió del baño y regresó a sus labores. En cuanto a Laura, ella pensaba en Camilo, quien se había convertido en una persona introvertida; y en Juliana quien se había convertido en un vegetal. Y ahora Alex.

Continurará...


sábado, 30 de julio de 2016

LA SOMBRA DE ELISA (Parte 1)



Laura tenía veinticinco años y estaba recién egresada de la universidad cuando consiguió el puesto de Jefe de mercadeo y ventas en Cosmos S.A. Era el sueño de muchos y ella lo había logrado, aunque con un poco de ayuda. Don Andrés, jefe de personal y profesor de Laura en la universidad, la presentó ante su nuevo equipo de trabajo en el quinto piso de la torre A de Cosmos. Su asistente personal sería Elisa, una mujer de veintiséis años, cabello negro ondulado y labios pintados de rojo. Era la asistente de la anterior jefa de mercadeo quien renunciara sin dar explicaciones.

Laura y Elisa trabaron pronto una amistad muy estrecha. Se les podía ver juntas al almuerzo, en la cafetería preparando tinto, a la salida e, incluso, los fines de semana visitando tiendas de ropa. Para Laura, Elisa era una gran compañía después de la ruptura con su novio Alex con quien llevaba cinco años. Ya hacía un mes que Alex se había marchado del apartamento que compartía con Laura dejándola sola.

Laura llamaba la atención por su apariencia muy bien cuidada, delgada, alta y de cabello largo y rubio que planchaba dos o tres veces por semana. No era de extrañar que algunos compañeros se sintieran atraídos hacia ella. Uno de ellos era Camilo, de contabilidad, quien subía desde el tercer piso para complacerla con pequeños detalles o una conversación.

Pero la amistad entre Laura y Camilo no duraría mucho. Luego de unas semanas de verlo en la oficina de su jefa, Elisa presentó una queja en Recursos Humanos y don Andrés tuvo que llamarle la atención a Camilo por interrumpir su trabajo y el de los demás. Luego de esto, Camilo no volvió a acercarse más a Laura quien no entendía por qué. Porque además de acusarlo en Recursos Humanos, Elisa lo había amenazado con una humillación pública.

Laura se concentró de nuevo en su trabajo y en especial en el de su equipo conformado, además de su asistente, por Yaneth, Carlos y Deiro. Se sentaban en la mesa de juntas a discutir temas de trabajo de forma práctica y divertida. Los miembros de su equipo le tomaron cariño y la productividad comenzó a subir. Para Elisa, Laura no debía "mezclarse" con el personal a su cargo, para eso estaba ella como asistente y mediadora. A la jefa de mercadeo y ventas se le veía poco. Pasaba la mayor parte del tiempo en su oficina mientras Elisa se encargaba de todo. Y fue esta escena la que vio el Gerente Administrativo, doctor Ernesto. Pensando que Elisa era la mente productiva (aunque sí lo era)  envió un memorando a don Andrés quien citó a Elisa y a Laura en su oficina.

—El memorando del mismo doctor Ernesto dice que ha decidido ascender a Elisa como jefe de representaciones públicas en la torre Bdijo don Andrés. 

— ¡Felicitaciones, Elisa! —exclamó Laura a su vez.

—No quiero el cargo.

— ¿Por qué? —preguntó don Andrés.

—Porque Laura me necesita más aquí.

—No niego que sea cierto—dijo Laura—. Pero esta es una gran oportunidad para ti y no quisiera que la desperdiciaras.

Finalmente, y a regañadientes, Elisa aceptó con la condición de almorzaba juntas todos los días.

Unos días después llegó Juliana, de veintidós años, estudiante de Comercio Internacional, esposa y madre de una niña de tres años. La joven sería la nueva asistente de Laura y pronto iniciaron, también, una amistad. Al mediodía, salieron juntas a almorzar y esperaron a Elisa.

—Elisa—comenzó Laura—, ella es Juliana, mi nueva asistente. Laura, ella es Elisa.

—Mucho gusto—dijo Juliana.

—Sí—contestó secamente Elisa.

  El ambiente tenso provocado por Elisa generaba un silencio incómodo entre las tres que era interrumpido de vez en cuando por algún comentario irrelevante. Juliana se disculpó alegando que debía ir a la oficina a recoger algo y las dejó solas.

— ¿Por qué la invitaste a almorzar? —preguntó Elisa con tono de disgusto.

 —Bueno, es su primer día y quería que se sintiera bienvenida... No sé por qué te molesta Juliana. Tú ahora estás en un nuevo puesto y deberías estar feliz.

El resto de la semana, Juliana almorzó con las dos mujeres hasta que la incómoda presencia de Elisa la hizo cambiar de parecer y eligió pasar este tiempo con Yaneth, Carlos y Deiro.

Sin embargo, en la oficina, Juliana y Laura seguían siendo muy cercanas. Y Elisa lo sabía. Un día cualquiera llegó a la oficina de Laura y las encontró hablando y riendo. Las dos callaron al verla y Juliana salió rápidamente. Unos minutos más tarde, Elisa de topó con Juliana en las escalera.

— ¿Qué quieres de Laura? —le preguntó Elisa.

—Nada… Ella es mi jefa, sólo hago mi trabajo.

—Aléjate de Laura.

— ¿Qué dices? ¿Cómo quieres que me aleje de ella si soy su asistente?

—Entonces te lo repito: aléjate de Laura.

—Ni creas que voy a renunciar por una loca como tú.

Elisa no se contuvo. Tomó a Juliana por los hombros y la arrojó por las escaleras. La joven se golpeó tan fuerte en la cabeza que perdió la conciencia.

Continuará...


sábado, 23 de julio de 2016

PROMETEO DESENCADENADO (Parte 2)



Luis fue con su compañera al día siguiente a presentar su descubrimiento a la Directora General. Aún le faltaban algunos detalles pero en el simulador de procedimientos era un éxito. Luego de ver la presentación, la Directora les pidió retirarse al laboratorio de Biotecnología diciéndoles que iría después a verlos nuevamente.

Varias horas después, la Directora llegó acompañada del Capitán General. Se reunieron en el laboratorio a puerta cerrada con Luis, su compañera y el jefe del lugar (el hermano mayor de Luis).

―Utilizaremos tu descubrimiento en los soldados. Así podríamos entrar en territorio enemigo sin ser detectados. Y podríamos invadir la ciudad del norte.

El Capitán General hablaba como si diera órdenes a sus soldados. Luis sólo pensaba: “¿Otra guerra?”. Él quería utilizar su trabajo para mejorar la calidad de vida de la humanidad, y se lo hizo saber.

―No. Y si no trabajas para mí, te quitaré del proyecto.

Luis se negó y el Capitán General le quitó el trabajo entregándoselo a su compañera quien lo recibió con gusto. Se sintió traicionado. Se llevaron los equipos que utilizó en su investigación y salieron del laboratorio dejándolo a solas con su hermano quien se marchó un rato después.

Ya anochecía cuando su compañera apareció en el laboratorio. Luis seguía allí.

―¡Traidora!―le gritó sin levantarse de su silla.

―¡Idiota!―le gritó ella a su vez entregándole una memoria externa―. Toma tu descubrimiento y vete de aquí.

―¿Cómo voy a salir de aquí?―preguntó viendo cómo las instalaciones entraban en alerta pues ya se habían percatado de la desaparición del descubrimiento y buscaban a su compañera.

Ella lo sacó del laboratorio conduciéndolo por un pasillo hacia unas escaleras que Luis desconocía.

―Saldrás a la puerta oeste. Una mujer en motocicleta te espera allí.

―¿Y tú?

―Estaré bien. Nos vemos. Vete rápido. Ve y llévales el fuego a los mortales, Prometeo.
El siguió el camino hasta la puerta donde una mujer de cabello negro, largo y lacio, vestida de cuero de los pies a la cabeza, lo esperaba sobre una motocicleta negra.

―¿Luis?

―Sí.

―Sube.

Le entregó un casco negro y ella, haciendo una maniobra, metió su larga cabellera dentro del casco y arrancó una vez se hubo subido Luis. Él se aferró con fuerza a la cintura de la mujer, de su misma edad y con una actitud muy parecida a la del Capitán General.
Las calles estaban llenas de soldados siguiendo la señal de su chip de verificación personal. La mujer era muy hábil y esquivaba obstáculos con facilidad. Faltaban unos pocos metros para llegar a la salida de la ciudad pero las puertas se cerraron frente a ellos siendo rodeados por soldados.

En el salón principal de la Base Militar, Luis permanecía de pie, esposado a la espalda, con el Capitán General frente a él. En un interrogatorio hostil completamente a solas.

―¡¿Dónde está la memoria?!―le gritó el Capitán General.

Ante su negativa le asestó un puño en el rostro. Luis no era hombre de pelea pero había crecido en los barrios bajos y sabía defenderse y resistir. Permaneció de pie sintiendo cómo se hinchaba su labio inferior. Una pregunta, una negativa, un golpe. Luis escupió la sangre que inundaba su boca. Después del sexto golpe cayó sobre una rodilla pero con la frente en alto.

Había sido requisado antes de este interrogatorio sin encontrarle la memoria externa con su descubrimiento.


El Capitán General colocó su arma en la frente de Luis. Sintió él el cañón frío y la mano firme que le apuntaba. Quiso hacerse el valiente pero optó por cerrar los ojos. Todo su trabajo se hallaba a salvo y podía morir tranquilo sabiendo que dejaba una luz de esperanza a la humanidad.

Fin.

sábado, 16 de julio de 2016

PROMETEO DESENCADENADO (Parte 1)



Luis ya contaba con veintitrés años de edad. A los veintiuno tuvo frente a él dos caminos, obligatorios: la ciencia o la guerra. Tomó el de la ciencia sin pensarlo dos veces.

En el último milenio. La humanidad había sucumbido ante las guerras, la hambruna, la contaminación del planeta y la sequía, siendo ésta última la más mortífera. Todo lo anterior derivó en enfermedades que debilitaron el cuerpo humano. Para sobrevivir, cada persona al nacer recibe diferentes implantes electrónicos: para purificar el aire que entra a los pulmones, para resistir la luz del sol, para defenderse de lo que quedaba de planeta. Se asemejaba más un androide: humano por fuera y con mucha biotecnología por dentro.

En el brazo izquierdo para los diestros y en derecho para los zurdos, en la muñeca, se implanta el chip de verificación personal. Contiene toda la información como edad, sexo, dirección de residencia, enfermedades, signos vitales, dónde estuvo y dónde se encuentra. Sobre este chip se coloca el reloj gadget, hace sesenta años una moda y ahora una necesidad. Al encenderse proyecta una pantalla holográfica que facilita la lectura de la información del chip, acceso a internet para cualquier consulta y utilización de la única red social (obligatoria). También da la hora.

Luis consultó la hora con cierto nerviosismo. Ya eran casi las ocho de la noche y pronto vendrían a cerrar el laboratorio. Pero estaba cerca de hacer un gran descubrimiento, lo presentía. Su compañera entró atraída por la actividad.

―¿Qué haces a esta hora?―le preguntó.

―Intento… Descubrir algo…―contestó, o trató de contestar, mientras digitaba códigos en un programa simulador.

―¡¿Intentas mutar un gen?! ¡¿Qué demonios planeas?!―exclamó su compañera mientras recogía su larga cabellera negra y lacia en una rosca sobre la cabeza.

―Se supone que con esto podríamos por fin dejar de depender de tanta tecnología. El cuerpo humano podría sobrevivir en este mundo agreste.

―Buscas adelantar mil años de evolución.

―Sí. Pero no funciona.

El simulador arrojaba un letrero con el mensaje de “ERROR” en letras rojas.

―Es porque lo escribiste mal―dijo ella inclinándose sobre el teclado y corrigiendo dos caracteres invertidos. Dio enter y contuvieron el aliento.
Su compañera le dio un puñetazo en el brazo, aunque no tenía mucha fuerza. Él fingió dolor.

―¡Lo has conseguido! ―gritó ella―¡Lo has conseguido! ¿Sabes lo que has conseguido?

―Sí, lo sé―contestó riendo.

El vigilante, quien ya conocía a Luis, le había concedido veinte minutos después de las ocho, tras los cuales llegó a pedirle que saliera del laboratorio junto con su compañera. Salieron los dos a tomar un par de cervezas y a celebrar. Pero debían volver a sus casas temprano porque era martes y aún faltaba semana de trabajo.

Continuará...

sábado, 9 de julio de 2016

QUERIDA MUERTE


Sólo La Muerte me dará
las alas de la libertad.


Salto de la cornisa,
me arrojo hacia tus brazos.
¡Oh, Muerte! Sálvame.
Sálvame de caer
en el vacío de la vida.

Clava en mi pecho tu hoz
y libérame del dolor.

Protégeme de la luz cegadora,
del calor abrasador.
Condúceme por tu senda oscura
hacia la noche perpetua.

Mira que mi cabeza se ha roto.
No hay marcha atrás cuando se cae.
Toma mis manos y no me dejes caer
en el vacío de la vida.


Vuelo hacia ti, querida Muerte,
con las alas de la libertad.
Este corazón ya no siente.
El dolor al fin se disipa.

El fluido color escarlata
penetra el suelo duro.
Tengo sed, tengo sed.

Querida Muerte, has llegado.
Toma mis manos y llévame lejos.
Abandono este cascarón vacío
que sólo se llenaba de dolor.

Al fin no rodará por mi rostro
ni una lágrima más.